La protagonista de hoy es una pava antigua que pasó los últimos años en el patio cumpliendo la función de maceta.
Llegó a desempeñar esa tarea cuando perdió su manija y los abollones y saltaduras ya no permitían su presencia en una cocina.
Se ve que alguna vez se le hizo un orificio y alguien le puso tornillo y arandela para que no pierda el agua al regar la planta.
Y así, con el correr del tiempo, se fue deteriorando cada vez más.
Hace poco decidimos sacarle la planta que contenía porque había crecido mucho y ya estaba sufriendo el poco espacio, de modo que la trasplantamos.
Y allí quedó la pobre pava vacía.
Es de tamaño grande y vacía es pesada, ¿Se imaginan llena de tierra y con una planta grande dentro? Pesadísima.
Al verla así, vacía, vieja y destruida, decidí cambiarle la vida.
La lavé bien y le dí dos manos de pintura blanca, para tapar esos colores horribles que tenía de fábrica.
Ya se ve distinta ¿no?
Para cambiarla totalmente y suavizar su rusticidad, la pinté rosa.
Decidí usar como frente el otro lado que no tenía el remache y se veía mejor.
Buscando una imagen, encontré una vieja tarjeta con dos rosas. Le quité todas las capas de cartón que pude, las recorté y las pegué.
Hice una pequeña borla con pedacitos de tela, cintas, lana y puntillas, y la colgué de uno de los orificios del soporte de la manija.
Del otro lado até dos puntillas.
Como no quería volver a llenarla de tierra, por el peso, busqué algún contenedor que entrara por la boca de la pava. En éste caso, fue un envase de pintura en el que trasplanté un pequeño potus.
Y así quedó la vieja pava. Renovada, dulce y romántica.
A medida que crezca la planta, la pava se verá más importante.
Ni sé de dónde salió esa pava, mis padres no recuerdan quien se las dió o si la encontraron. Pero sí estoy segura de algo: ahora es mía para siempre!!!
Mucho mejor ¿verdad?
Y con éste trabajo participo del Finde Frugal de Marcela, en
Colorin Colorado.
Les deseo a todas un muy feliz fin de semana.