Dos cajoncitos de máquina de coser antigua.
Con muchos años en su haber, con una gran historia en su madera.
¿Cuántos metros de cintas y puntillas habrán guardado en su interior?
¿Cuántos carretes de hilos habrá escondido alguna abuela a resguardo de los pequeños de la casa?
Nadie pensó en su historia al momento de deshacerse de ellos. Porque los cajoncitos estaban en la basura que había sacado una vecina a la calle.
Mi mamá pasó, los vio y los levantó. Obviamente pensando en mí.
Entró a casa y me dijo "mirá lo que encontré, para algo te van a servir, ¿los querés?"
Por supuesto que los quise ¡me encantan!
No tenían fondo y se los hice con dos recortes de madera que tenía en casa.
Al principio pensé en pintarlos blancos o cada uno de diferente color. Pero después decidí dejarlos tal cual son, del color original, el de la máquina al cual pertenecían (que pena que no tiraron la máquina también ¿no?)
Les dí una capa de barníz con color similar para emparejar y proteger. Y por dentro una mano de pintura blanca, aguada,de forma ligera y que deje ver el oscuro de la madera.
El cartón resistente de una caja en desuso me sirvió para recortar varias unidades con forma.
Les dí una pincelada rápida de blanco, sólo para cubrir un poco el marrón del cartón.
Con trozos restantes de servilletas fui cubriendo cada cartón. Hasta fui uniendo pedacitos para darles uso, total las uniones no se notan y de paso hago un poco de limpieza y orden.
Y ahora tengo dónde guardar y tener a mano mis puntillas, cintas y galones.
Antes estaban enredadas en cajas de zapatos y cada vez que buscaba algo tenía que sacar todo afuera. Ahora las tengo a disposición, ordenadas y a la vista.
Los cajoncitos están felices y se les nota. Les dí un toque vintage, romántico y el valor que tienen.
Y lo mejor de todo: continúan haciendo historia, pero ahora a mi lado y para siempre.
Están en un rinconcito de mi mesa de costura, en la que guardé por unos días la máquina de coser para ordenar porque era un caos.
Ya organicé también los botones en frascos, veré con qué sigo.
Le tengo ganas a ese canastito que ven sobre la caja (adentro guardo hilos). Ya se me ocurrirá cómo tunearlo.
Las dejo, me voy a visitar a Marcela y disfrutar de los trabajos de mis colegas en el finde frugal. Cariños.












































